Quiero compartir con ustedes un artículo publicado en
el
diario El Mercurio de Chile, en el cual el una vez Ministro
de
Hacienda, Rolf Lüders da su opinión respecto de
la crisis que sufre EEUU en relación a la experiencia que
salvó nuestra economía. Pienso que la
experiencia de países que han pasado por eso y
además
han salido bien debe ser tomada en consideración.
Espero les parezca interesante, Atte.
Angelica SANTIAGO - CHILE
ARTICULO
Lunes 29 de septiembre de 2008
Las lecciones que dejó el "salvataje" chileno de 1983
Por estos días, las decisiones tomadas por Chile para
enfrentar una fuerte crisis financiera a principios de los ochenta
son miradas con atención en Estados Unidos. El ministro de
Hacienda de la época y quien diseñó la
intervención bancaria de entonces relata cómo se
opera ante estas situaciones y defiende lo acertado del plan que
implementó.
Una crisis financiera no "tratada" generó la Gran
Depresión, que se tradujo en una drástica
caída del Producto de los EE.UU., con graves repercusiones
mundiales. La recuperación de los ingresos y del empleo
demoró casi una década, incubando al New Deal,
período con un alto grado de injerencia discrecional de la
autoridad y bajo crecimiento.
Chile, golpeado por un shock de términos de
intercambio a comienzos de los años ochenta, tuvo una
caída del Producto de casi un 15% y llegó a tener
tasas de desempleo cercanas al 30%. Esto, junto con el exceso de
endeudamiento, desató una profunda crisis financiera. Las
drásticas acciones tomadas para restablecer el
funcionamiento de los mercados crediticios evitaron cambios en los
elementos esenciales del modelo económico y permitieron la
rápida recuperación.
Por el momento, las "pérdidas" probables, como
proporción del PIB, de la actual crisis financiera en EE.UU.
se estiman en aproximadamente una cuarta parte de las que se han
contabilizado en definitiva para el Chile de entonces. Se entiende
por "pérdidas" aquella parte de los activos
"tóxicos", "malos", o "en problemas" que sus deudores no
podrán cancelar, dada la evolución probable de la
economía. ¿Habrá entonces algunas lecciones
útiles que se puedan extraer de la experiencia nuestra?
En una crisis financiera los tiempos disponibles para la
acción de la autoridad son breves. Hay un constante
"bombardeo" de noticias, los montos de deudas "malas" tienden a
variar diariamente, instituciones que aparecen sanas un día,
sufren corridas al día siguiente, etcétera.
Afortunadamente, las declaraciones del Presidente Bush y la actitud
de los líderes del Congreso sugieren que tienen clara
conciencia de la urgencia de tomar medidas para evitar costos
innecesarios que crecen exponencialmente.
Las medidas de la intervención deben ser lo
suficientemente poderosas para minimizar el riesgo
sistémico. Si el gobierno debe o no intervenir merece un
análisis separado. En Chile, se logró restablecer la
confianza porque el gobierno tomó temporalmente el control
de prácticamente todo el sistema financiero y nadie
dudó de la solvencia del Estado. En el caso de EE.UU.,
Paulson y Bernanke estimaron que el compromiso de compra de hasta
700 billones de dólares de activos "tóxicos" es
necesario y también suficiente. Desafortunadamente, el
programa aprobado ayer por los líderes del Congreso y que
cuenta con el apoyo -según las noticias- de los dos
candidatos presidenciales parcializa ese monto, reduciendo su
impacto.
Las medidas deben tomarse en un contexto tal y ser de tal
naturaleza que no pongan en duda la estabilidad y la efectividad de
la institucionalidad económica. Por eso, tanto en el caso de
Chile ayer, como en el de los EE.UU. ahora, se propende a salvar a
las instituciones financieras y no a los patrimonios de los
dueños y a los ingresos de los administradores y de los
depositantes. Eso evita el problema de riesgo moral. En Chile, los
administradores de las instituciones intervenidas fueron todos
despedidos y, qué duda cabe, los dueños perdieron
todo su patrimonio y sufrieron largos procesos judiciales. Sin
embargo, los depositantes sufrieron pérdidas mínimas.
El programa concordado ayer en EE.UU. debiera tener -si es
bien administrado- efectos muy similares por la vía de la
participación del Tesoro en el patrimonio de las
instituciones apoyadas, de las limitaciones a los ingresos de los
administradores, y de la renegociación de las deudas
hipotecarias, entre otras.
En resumen, hay importantes lecciones de la experiencia de la
intervención bancaria chilena que pueden ser útiles
para otros países. Destaco, por sobre todo, la urgencia en
la acción, la necesaria coherencia entre las medidas y la
profundidad de la crisis para minimizar el riesgo sistémico,
y el cuidado que se debe tener para evitar un problema mayor de
riesgo moral. Intervenciones como las comentadas tienen
implicancias presupuestarias y requieren de acuerdos
políticos. Pero éstos no deben alejarlas en
demasía de consideraciones de eficiencia, como
afortunadamente sucedió en Chile en 1983 y puede ocurrir en
los EE.UU., si el programa concordado ayer es bien administrado.
"Desafortunadamente, el programa aprobado ayer por los
líderes del Congreso y que cuenta con el apoyo de los dos
candidatos presidenciales parcializa ese monto (US$ 700 mil
millones), reduciendo su impacto".